Wednesday, 4 June 2008

Sanmiguel en Japon

Aupa/hola , aqui estoy recien llegado de la mejor cena seguramente en toda mi vida. El restaurante es Sant Pau, en Tokio. No sólo el lugar ya es un oasis de paz y armonia, sino que el servicio es de primera, con japonesas que hablan muy bien espanyol y te hacen sentir como en casa, sino que la comida, LA COMIDA!!!! Es SOBERBIA, superior, fantastica.. Sabores nuevos, mezclas que explotan en el paladar..
Llegaba casi tarde. Mi reserva era a las 20:30 y a las 20:15 estaba saliendo de la oficina. Suerte que en taxi era una carrera corta al hotel; he llegado, he pagado, y subido al ascensor como una centella a darme una ducha y quitarme la mala sangre que se me ha hecho en el trabajo por la tarde. Me he puesto algo más comodo y despues de llamar para avisar de mi retraso, me he tirado a la aventura de encontrar el lugar. En Tokio las calles no tienen nombres, se guian por distritos, y numeros que más o menos acotan una zona, pero ya en la zona, -generalmente una manzana-, te tienes que buscar la vida. Preguntar es efectivo si hablas japonés. Al final mi intuición, -o quizá mi olfato-, me han guiado hacia la plaza interios de loq ue parecía un centro comercial, y que oculta en realidad la sede de Merril Lynch. he cruzado el iluminadísimo lobby y me he encontrado en dicha plaza con árboles que ya invitaban a la paz. Una mujer joven japonesa, ha slaido del que intuía era el susodicho restaurante, www.santpau.jp . Al acercarnos me fijo en que al lado hay una vidriera enorme de como cinco o seis metros de ancho que exhibe sin pudor una cocina con un mini ejército de cocineros. La japonesa se me dirige en inglés, "Sr. Calderon"? Le esperábamos. ha tenido dificultades con el taxi?". Yo le he respondido que no, que la dificultad era adivinar dónde se escondía el lugar. Todo en orden. He llegado antes de que tomasen las últimas órdenes. Eso sí, sin prisa. Mi mesa preparada para una persona. Me sentia como el crítico culinario de la película Ratouille. Un poco menos feo y alma triste pero igual de solitario.
he abierto con una copa de cava; un brut muy brut, muy seco, como me gusta a mí. El lugar supura catalanidad por cada poro. Me gusta que la Ruscalleda esté orgullosa de lo que es, de sus raíces.
Han ido llegando los esntrantes.........................y luego os cuento.... me voy a dormir que en unas horas voy al Tsukiji, el mercado de pescado más grande del mundo!! Qué nervios!!